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A caído la tarde sin su ojo.
Una sequedad del espíritu humea en los cardos.
El viento dispersa el llanto.
Es duro morir en el silencio
con la sed del deseo
en las manos.
Es duro el recuerdo del olvido
cuando se nos hunde en llamas
el camino.
Es dura saber que nos vamos,
dejando un silencio enterrado
Pero aún más duro saber que no sabemos
cuando nos vamos
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